Arcadi Espada crea polémica en las #21 Jornadas de Periodismo y Comunicación

 Arcadi Espada en las Jornadas
Fotos de Silvia Rodríguez Rico

El pasado jueves 15 de diciembre, en el Colegio Mayor Peñafiel de Valladolid se celebraron unas conferencias cuyo título era “Periodismo Cultural. Divulgar en la era de la información”. El último ponente fue Arcadi Espada, que amargó la mañana a algunos asistentes.

Las jornadas comenzaron una hora tarde con la intervención de Ignacio Elguero, director de RNE, continuaron con Julio Ruiz de Radio 3 y terminaron con Arcadi Espada de Ibercrea. Y se preguntarán ustedes que qué hago contando esta noticia casi una semana después, pues lo hago porque esto no es una noticia, sino un artículo de opinión o de “visión”, según como se vea (valga la redundancia). Y necesitaba tomar distancia, antes de sentarme a las teclas, después de lo ocurrido aquel día.

Acudí a las charlas como amante del periodismo, pero no estaba acreditada ni representando a Ruta 42. Iba pagando mi matrícula, que era simbólica y bien recompensada.

El contrapunto, a las excelentes y profesionales intervenciones, lo puso Arcadi Espada. Los dos primeros pertenecían a la radio y hubiera sido lógico que el tercer puesto lo ocupase alguien de prensa, suplementos culturales o por citar nombres, el director o algún crítico de la revista Quimera

Pero en su lugar nos trajeron a un hombre oscuro y taciturno que habló e insultó a los asistentes pero que en ningún momento trató el tema de su ponencia “El sustrato cultural del periodista. Criterios en tiempos de confusión”.

Espada, serio y con la mirada distraída y acusadora comentó que el Twitter del director del periódico El Mundo sirve para anunciar de todo. Mientras que luego él no se cortó en hacer una cuña publicitaria a la tablet, diciendo que un iPad es el sueño de cualquiera que no sea rematadamente un zoquete. Y suponemos que el sueño hecho realidad de alguien que tiene el sueldo de Arcadi Espada.

Aunque alcanzar su sueldo nos resultará difícil, ya que como añadió después, el periodismo se ha convertido en una actitud masiva y la mayor parte de éste es indigencia intelectual.

Suponemos que con indigencia intelectual se refería a la suya, ya que la única alusión que hizo a la cultura fue decir que se lee poco pero se lee más que antes, eso sí, según Espada, se leen estupideces (dejaremos de leer sus artículos).

Tras estas breves y denigrantes alusiones a la cultura y al periodismo centró su diatriba (sí, señor Arcadi, conozco esta palabra a pesar de pertenecer a esta generación que usted tanto minusvalora) en el 15M opinando que un país no se puede gobernar desde la Puerta del Sol, ya que, en su opinión, desde allí solo salen las estupideces de unos adolescentes que se reúnen en la barra de un bar. 

Aquí comenzó una disputa dialéctica entre algunos de los asistentes y él, por llamarlo de alguna forma, orador. Y cuando una chica del público hizo referencia a su expulsión de la Pompeu i Fabra, a su relación con el escándalo del Pulitzer, y a la ética; Don Arcadi Espada respondió que no había entendido la pregunta entre tanto “balbuceo”.

Siguió discutiendo e insultando al público, con lo que sus opiniones perdían toda su fuerza. Trató a unos estudiantes que habían ido a escucharle como si fueran imbéciles y una generación perdida. Como si él fuese el último resto de sensatez, de cultura y de buen periodismo sobre la tierra.

 Ignacio Fernández, director de Onda cero Valladolid y Arcadi Espada

Y en el momento en que nos acusó de la situación de desempleo y de crisis que actualmente hay en España por ser “una generación de consentidos”, una servidora harta de escuchar, desgraciadamente, tantas veces la misma acusación, intentó levantar la voz, hacerse oir, preguntarle al señor Espada de qué es una culpable cuando ha buscado trabajo desde los 16 años para compaginar los estudios, se ha costeado sus gastos desde los 18, ha estudiado una licenciatura y un segundo ciclo, ha hecho prácticas (muchas veces no remuneradas), tiene experiencia en el extranjero, dos idiomas, un currículo de tres páginas y ha buscado trabajo en España, en el extranjero, por Internet, por el INEM, pateándose las calles, en el periódico, a través de contactos, ETTs, etc. Pero está, con 24 años viviendo con sus padres, sin un primer empleo, sin un dinero para sus gastos, y sin poder crear su hogar y su familia.

Pero estas eran demasiadas palabras para que Arcadi Espada se detuviera un momento a escucharme. Y por lo tanto, el periodista continuó alzando su voz, con su perorata hasta tapar la mía que se veía ahogada por el llanto y la indignación (porque los sentimientos fueron antes que las palabras, señor Espada).

Y abandoné la sala, harta de sentirme maltratada auditiva y psicológicamente por un personaje que intenta hacer alusión a su apellido.

La Navidad a pluma y pincel, un regalo cultural para celebrar las fiestas

 Portada del año pasado

Por tercer año consecutivo sale a la luz, en estas fechas tan especiales, un pequeño libro que reúne a varios artistas castellanoleoneses, creadores con pluma y con pincel. Es una recopilación de cuentos navideños que reúne a 17 escritores y otros tantos ilustradores.

La idea nació en el 2009 de la mano del escritor vallisoletano, José Ignacio García. Que como él explicó, pretende fomentar la lectura y la ilustración con una edición no venal que sustituya a los ya “cansinos obsequios que se repiten machaconamente en estas fechas”. 

Y es que esta obra de arte editada por Punto y Seguido es adquirida por empresarios y autónomos que ponen en la contraportada su publicidad y regalan a los mejores clientes o en cestas navideñas.

Además de artistas consagrados como Alberto R. Torices, Antonio Toribios, Henry Pierrot, Peio García, Manuel Jular o Laszlo Kovacks entre otros muchos, cada año cuenta entre sus páginas con una joven promesa. En su primera edición fue Irene Díaz, escritora y futura filóloga. Y en esta ocasión es Beatriz S. Olandía, periodista de RTVCYL.

Tanto Beatriz S. Olandía como José Ignacio García presentaron el libro el pasado viernes, 16 de diciembre, en la Casa Zorrilla de Valladolid. Agraciando con algunas lecturas a los que por allí pasaron. Aunque este año, José Ignacio García solo figura como escritor en el proyecto ya que ha dejado la organización a los editores.

“la Navidad, a pluma y pincel” un proyecto artístico, cultural y original para regalar estas fiestas.

El Mago de Oz: Un nuevo musical lleno de risas

Un momento de la representación
Fotografías de Antonio Sánchez

Libreto: Alber Ponte
Dirección: Zalo Calero
Director musical: Alber Ponte, Vicente Pascual, Luis Bomati
Productor ejecutivo: Vicente Pascual
Produce: MundiArtistas

Se ha estrenado en el Teatro Zorrilla de Valladolid, el musical de El Mago de Oz. Una vez más se pone en escena esta historia que transmite valores universales a través de sus personajes y su protagonista, Dorothy, una niña de estrambóticos zapatos rojos (se los regaló un hada y son de rubíes) que, por culpa de las inclemencias climatológicas (un tornado arranca su casa de una apacible pradera de Kansas), se ve trasladada hasta un mundo donde sus sueños se pueden hacer realidad, el mundo de Oz.

El cuento y sus valores universales

Con este sencillo argumento, tan parecido al esqueleto de Alicia en el País de las Maravillas, el cuento transmite valores universales como la sinceridad, el poder de la inteligencia y la importancia del corazón, la valentía, la honradez y la autoestima. Porque, como ya anunciaba Propp en su poética sobre el cuento, Dorothy tendrá que recorrer un largo camino y superar una serie de obstáculos y pruebas para conseguir su objetivo, ya que nuestra protagonista quiere volver a su vida en Kansas, con su tía Emma y su perrito Totó. Y para ello ha de encontrar al Mago de Oz, en Ciudad Esmeralda. Pero por el camino encontrará amigos: el hombre de hojalata, el león y el espantapájaros que le ayudarán a luchar contra la mala del musical, la Bruja del Oeste.

El cuento fue el principio de una serie de libros del escritor norteamericano L. Frank Baum (1856-1919), y fue publicado en 1900. Más de un siglo después nos traen toda la magia del cuento tradicional a los escenarios, con motivo del 70 aniversario del estreno de la película.

Una nueva puesta en escena

Pero este nuevo montaje, con una escenografía minimalista, pone en escena el cuento de siempre contado como nunca. Actualizan la historia con un humor que hace reír a carcajadas tanto a los niños como a los padres, muchísimas referencias a la actualidad que acercan la historia al público (un león con pantalones de campana, una bruja con un look a lo Amy Winehouse, etc.). Además, esta puesta en escena incluye cinco canciones nuevas y trucos de magia que dejan con la boca abierta y quedan muy bien ligados al argumento principal.

La protagonista y sus amigos antes de viajar a Oz

El humor de la primera media hora es más infantil pero después los adultos disfrutaron muchísimo. Algunos problemas de sonido impidieron disfrutar completamente, en la primera sesión, de las canciones de la Bruja del Oeste. Aun así se plantea como un plan muy acertado para la tarde de invierno. 

Se acercan las navidades y el Teatro Zorrilla, que desde su reapertura presenta unas instalaciones impresionantes, apuesta por clásicos aptos para los más pequeños de la casa. Mañana, 17 de Diciembre, tendrán lugar otras sesiones a las 18 y a las 21 horas. Una oportunidad única para ver un gran montaje para toda la familia.

CUENTOS NAVIDEÑOS



"El próximo viernes día 16, dentro del ciclo literario navideño que organiza la Casa Zorrilla, tendrá lugar la presentación del libro "La Navidad a pluma y pincel", que recoge relatos e ilustraciones de importantes escritores e ilustradores castellanos y leoneses. El acto comenzará a las 20,00 h. y en él participarán Beatriz S. Olandía, escritora y periodista de RTCYL, y José Ignacio García, escritor y fundador del proyecto cultural "Contamos la Navidad". La entrada será libre hasta completar el aforo"

El viejo niño

Vagó por las calles de la aldea, sin saber muy bien a dónde dirigirse. Espantados huían, todos los que se cruzaban en su camino, pensando que era un viejo loco y peligroso. El viejo niño, iba sintiéndose más ágil y más fuerte a medida que pasaba el tiempo. Pero su corazón se hacía cada vez más y más viejo y amargo, al ver como la gente no le aceptaba y le rehuía.

Hasta que un buen día, una joven viuda se acercó a él y le ofreció cobijo en su casa. El viejo niño aceptó su caridad, pero se prometió a sí mismo no ser una carga para ella. La joven contaría con apenas 29 años y parecía un alma tranquila y afligida por la pérdida de su reciente esposo. La vida apenas le había dado la posibilidad de saborear las mieles del amor para rápidamente arrebatárselas.

El viejo niño contaría por aquella época con 59 años y ahora semejaba un apuesto y maduro caballero. La joven lo trataba realmente como si fuese un hijo y a la vez un amigo, pero pronto tuvo que enfrentarse a las habladurías de la gente de la aldea. La creían concubina de un rico viajante y la juzgaban por haber olvidado tan prontamente a su difunto marido.

El viejo niño cortaba leña para la casa y trabajaba en el astillero para ayudar económicamente a la convivencia. Por las noches la viuda leía historias al calor de la lumbre, que él escuchaba tumbado en la alfombra, reposando el guiso que ella había cocinado ese día para la cena y descansando los cada vez más jóvenes y fuertes huesos, tras un día de duro trabajo.
Una de esas noches, el viejo niño, tumbado en la alfombra, se percató, a la luz de los rescoldos que quedaban en la chimenea, de las arruguitas que habían nacido sobre el labio superior de su amiga y en las comisuras de los ojos. Cada día parecía más cansada y frágil. Hebras de plata empezaban a nacer en sus sienes. Mientras que, por el contrarío, él tenía la piel tersa y rosada de un joven de 25 años y el pelo fuerte y brillante.
Cada mañana estaba más activo y reía sin ninguna razón. Dentro de su pecho notaba un ímpetu que en ocasiones le evitaba pensar antes de actuar. Cuando la joven se sentaba a leerle por las noches, él desde la alfombra notaba sensaciones extrañas en todo su cuerpo. Sentimientos en su pecho que no quería comprender o que creía haber olvidado con el paso de los años.
Llegó un momento en que todos esos relámpagos que le hacían estremecerse, fueron cada vez más fuertes. Y tuvo que reconocer que se había enamorado de su compañera. La compañía, las buenas formas y el recuerdo de la hermosa juventud de la joven, además de sus hormonas varoniles, habían transformado su mente en un sin vivir.
Pero con el paso de los días, ella se convertía cada vez más en una abuela que en una esposa. Y él en un chaval de 13 años, más preparado para los juegos que para el trabajo amoroso. Sabían que el tiempo jugaba en su contra. Hasta que llegó un día en que todo fue demasiado tarde.

Fernando Arrabal en la presentación de "El jardín de las delicias" en Valladolid

 Una imagen del montaje
Fotografía proporcionada por el Gabinete de Prensa del Teatro Zorrilla

El montaje, que ha sido dirigido por Rosario Ruiz, se estrenó el pasado mes de enero en Madrid y es la primera vez que se representa en España.

A la rueda de prensa acudieron el dramaturgo Fernando Arrabal, la directora Rosario Ruiz, el productor Enrique Cornejo y uno de los actores, Carlos Domingo, el resto de actores vendrán el viernes a la representación. En un lateral y acompañándoles se encontraba Juan Antonio Quintana, actor y responsable de la formación del vallisoletano, Carlos Domingo.

Desde el momento en que hizo su entrada Arrabal, el encuentro con los medios se convirtió en un espectáculo lúdico y teatral. Todo el protagonismo se centró en el dramaturgo afincado en Francia y en la presentadora del programa de televisión "El Intermedio", con la que bromeó constantemente. El escritor, como ya tiene acostumbrados a los medios, sacó un cámara para grabar a los fotógrafos mientras le hacían fotos. Y tras esto, comenzó a decir “Se va a estrenar una obra, no encuentro las palabras en el diccionario, con un montaje, sigo sin encontrar las palabras en el diccionario, déjenme que cante; amor, amor, amor”.

La obra, como explicó Rosario Ruiz, se ha puesto en escena gracias a dos empresas, Curtidores de Teatro y Proyecto Bufo, Fue escrita en el 77, es teatro pánico, del absurdo, dos movimientos vanguardistas. Y aunque en España no se había estrenado, ya se ha puesto en escena en Australia y Chicago. Como el propio autor explicó, respondiendo a una de las preguntas, quizá su obra no se haya estrenado anteriormente en nuestro país porque siempre se le consideró un provocador y esta es una palabra que rechaza. Pero aún así, le emociona verla representada en España tan excelentemente, porque es una obra que habla de su circunstancia y que empezó a escribir cuando estaba preso.

La directora explicó que se trata de una obra universal e interdisciplinar que rezuma política, estado social, metafísica y a la vez está cargada de simbolismo y poesía. Habla de cosas cotidianas como la relación de una mujer, educada religiosamente, con dos tipos de hombres. Son temas que se conservan en el tiempo y además rompe con la estructura aristotélica de tiempo y espacio y de esta forma sí se puede considerar vanguardista.

También por parte del resto de componentes de la mesa, todo fueron alabanzas a la obra y al escritor. Y el melillense respondió a todas las preguntas de los asistentes con emoción, extendiendose y levantándose de su asiento para ello.

Para terminar, la presentadora de "El Intermedio" preguntó que si él era devoto de algún santo, ya que su obra tiene un fuerte carácter religioso. Y Arrabal concluyó con la divertida anécdota de que él vio a la Virgen María y aunque es agnóstico se cura los granos y forúnculos con su saliva y le pide por las noches que le despierte a la hora adecuada para no usar despertador.

Historias de un genio y divertidas anécdotas para presentar, en la mejor compañía, un montaje único en  España, y que se podrá disfrutar el Viernes 2 de Diciembre a las 20:30 horas, en el Teatro Zorrilla de Valladolid.

La culpa


 Y ahora, después de tantos años, sigo pensando en aquello y en que mi hijo, siempre pegado a la Wii y al ordenador, está libre de esa culpa. Yo, por el contrario, nunca he podido desprenderme de ese sentimiento. Cuando era niña, no conocía el peligro, ni la muerte. Desde mis inocentes juegos y mi ignorancia, no conocía el dolor, la tristeza y la culpa. Por aquella época, casi se podría decir que todavía no contaba ni con recuerdos, ni conocía la sensación de haber perdido algo que se quiere.

También por aquel entonces, sucedía que todos los veranos eran largos y dejaban el sabor del pelo pegado con sudor a la nuca, de la arena en las rodillas y de la frescura de los luceros y las lluvias de estrellas que tanto nos gustaban a mis primas y a mí. Y el caso es que cuando eres niño el tiempo parece avanzar mucho más despacio. En un solo día nos daba tiempo a trepar a diez árboles, a bañarnos dos veces en el rio o a hacer columpios con las cuerdas de atar los muebles que tenía la familia en el desván. El verano parecía un año, mientras que ahora los días no me cunden nada y las estaciones pasan volando.

Fue uno de esos veranos cuando conocí esa culpa que no me ha abandonado en tantos años y que muchas noches, cuando recuerdo su cara desencajada corriendo hacia nosotros, sigue apretándome la garganta y haciéndome sudar las manos hasta que estallo en un llanto silencioso que me deja dormida. Ese verano tenía ocho años y el único dolor que conocía era el de los arañazos en las rodillas cuando me caía de la bici.

Cuando hacía mucho calor, mi abuela nos obligaba a echarnos la siesta a la hora del resistero. Eso nos daba mucha rabia, porque lo que más nos gustaba era salir por el sendero e intentar coger una chicharra, de esas que tanto ruido hacen pero que nadie logra ver nunca. Como echados la siesta no parábamos quietas saltando sobre el colchón de lana y riéndonos, mi abuela entraba y nos decía, intentando ponerse seria, que no quería escuchar ni una mosca. Nada más cerrar de nuevo la puerta, era el momento en que mi prima, la mayor, se ponía a imitar el sonido de un moscardón y a mí, que era la más pequeña de las tres, me entraba tal risa que terminaba por mancharme de pis las bragas.

Queríamos mucho a la abuela. Ella nos acogía en el pueblo esos meses de verano en que nuestros padres todavía tenían que trabajar y nosotras ya teníamos vacaciones en el cole. Ahora, cada vez que veo ese anuncio de pizzas que echan por la tele, me acuerdo mucho de cómo era la abuela y como me cantaba canciones graciosas mientras me curaba los arañazos de las rodillas.

Aquella tarde, cuando nos mandó echarnos la siesta, a mí se me ocurrió una idea mejor. Subirnos al tejado. Y en cuento dejamos de sentir a la abuela en el pasillo, salimos de la habitación y subimos al sobrado. No fue fácil abrir una de las ventanas, pero cuando lo conseguimos y estuvimos en el exterior, sentadas sobre las tejas, vislumbrando toda la alameda, nos sentimos las reinas del mundo.

Entonces, vi a mi abuela a lo lejos del camino, paseando con otra señora. En un vuelco de alegría me puse en pie, la abuela tenía que ver la hazaña que habíamos logrado, se iba a reír mucho cuando nos viera allí tan altas y tan pequeñitas desde lejos. Hinché los pulmones con todas mis fuerzas y chillé -¡¡abuelaaaa!!-. Mi abuela se dio la vuelta, se echó las manos a la cabeza y comenzó a correr hacia nosotros, agitando la mano sobre su cabeza, como amenazante. A mis primos y a mí nos dio una risa loca. La abuela cada vez se aproximaba más y nosotros no parábamos de reír. De repente se calló de bruces contra el suelo.

Un fallo cardiaco, dijo el forense.