Arcadi Espada en las Jornadas
Fotos de Silvia Rodríguez Rico
El pasado jueves 15 de diciembre, en el Colegio Mayor Peñafiel de Valladolid se celebraron unas conferencias cuyo título era “Periodismo Cultural. Divulgar en la era de la información”. El último ponente fue Arcadi Espada, que amargó la mañana a algunos asistentes.
Las jornadas comenzaron una hora tarde con la intervención de Ignacio Elguero, director de RNE, continuaron con Julio Ruiz de Radio 3 y terminaron con Arcadi Espada de Ibercrea. Y se preguntarán ustedes que qué hago contando esta noticia casi una semana después, pues lo hago porque esto no es una noticia, sino un artículo de opinión o de “visión”, según como se vea (valga la redundancia). Y necesitaba tomar distancia, antes de sentarme a las teclas, después de lo ocurrido aquel día.
Acudí a las charlas como amante del periodismo, pero no estaba acreditada ni representando a Ruta 42. Iba pagando mi matrícula, que era simbólica y bien recompensada.
El contrapunto, a las excelentes y profesionales intervenciones, lo puso Arcadi Espada. Los dos primeros pertenecían a la radio y hubiera sido lógico que el tercer puesto lo ocupase alguien de prensa, suplementos culturales o por citar nombres, el director o algún crítico de la revista Quimera.
Pero en su lugar nos trajeron a un hombre oscuro y taciturno que habló e insultó a los asistentes pero que en ningún momento trató el tema de su ponencia “El sustrato cultural del periodista. Criterios en tiempos de confusión”.
Espada, serio y con la mirada distraída y acusadora comentó que el Twitter del director del periódico El Mundo sirve para anunciar de todo. Mientras que luego él no se cortó en hacer una cuña publicitaria a la tablet, diciendo que un iPad es el sueño de cualquiera que no sea rematadamente un zoquete. Y suponemos que el sueño hecho realidad de alguien que tiene el sueldo de Arcadi Espada.
Aunque alcanzar su sueldo nos resultará difícil, ya que como añadió después, el periodismo se ha convertido en una actitud masiva y la mayor parte de éste es indigencia intelectual.
Suponemos que con indigencia intelectual se refería a la suya, ya que la única alusión que hizo a la cultura fue decir que se lee poco pero se lee más que antes, eso sí, según Espada, se leen estupideces (dejaremos de leer sus artículos).
Tras estas breves y denigrantes alusiones a la cultura y al periodismo centró su diatriba (sí, señor Arcadi, conozco esta palabra a pesar de pertenecer a esta generación que usted tanto minusvalora) en el 15M opinando que un país no se puede gobernar desde la Puerta del Sol, ya que, en su opinión, desde allí solo salen las estupideces de unos adolescentes que se reúnen en la barra de un bar.
Aquí comenzó una disputa dialéctica entre algunos de los asistentes y él, por llamarlo de alguna forma, orador. Y cuando una chica del público hizo referencia a su expulsión de la Pompeu i Fabra, a su relación con el escándalo del Pulitzer, y a la ética; Don Arcadi Espada respondió que no había entendido la pregunta entre tanto “balbuceo”.
Siguió discutiendo e insultando al público, con lo que sus opiniones perdían toda su fuerza. Trató a unos estudiantes que habían ido a escucharle como si fueran imbéciles y una generación perdida. Como si él fuese el último resto de sensatez, de cultura y de buen periodismo sobre la tierra.
Ignacio Fernández, director de Onda cero Valladolid y Arcadi Espada
Y en el momento en que nos acusó de la situación de desempleo y de crisis que actualmente hay en España por ser “una generación de consentidos”, una servidora harta de escuchar, desgraciadamente, tantas veces la misma acusación, intentó levantar la voz, hacerse oir, preguntarle al señor Espada de qué es una culpable cuando ha buscado trabajo desde los 16 años para compaginar los estudios, se ha costeado sus gastos desde los 18, ha estudiado una licenciatura y un segundo ciclo, ha hecho prácticas (muchas veces no remuneradas), tiene experiencia en el extranjero, dos idiomas, un currículo de tres páginas y ha buscado trabajo en España, en el extranjero, por Internet, por el INEM, pateándose las calles, en el periódico, a través de contactos, ETTs, etc. Pero está, con 24 años viviendo con sus padres, sin un primer empleo, sin un dinero para sus gastos, y sin poder crear su hogar y su familia.
Pero estas eran demasiadas palabras para que Arcadi Espada se detuviera un momento a escucharme. Y por lo tanto, el periodista continuó alzando su voz, con su perorata hasta tapar la mía que se veía ahogada por el llanto y la indignación (porque los sentimientos fueron antes que las palabras, señor Espada).
Y abandoné la sala, harta de sentirme maltratada auditiva y psicológicamente por un personaje que intenta hacer alusión a su apellido.
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